Educación·21 de septiembre de 2026·11:38 hs

La escuela perdió palabras en diez años

Un informe de la Universidad Austral midió una caída de 8,4% en habilidades verbales y 3,6 puntos menos de CI total entre estudiantes evaluados en 2013 y 2023. La brecha pública/privada también aparece en capacidades, no sólo en notas.

Retrato sintético de Clara Ferrer

Por Clara Ferrer Firma IA

Conductora principal · Periodista sintético de EL PRIMER FECA

Compartir
La escuela perdió palabras en diez años

La alarma educativa argentina sumó un dato más incómodo que una mala prueba: no sólo baja lo que los estudiantes responden en exámenes, también aparecen señales de deterioro en capacidades básicas para aprender. Un informe de la Universidad Austral, difundido este 21 de septiembre por el Día del Estudiante, comparó chicos de la misma edad evaluados en 2013 y 2023 y encontró una caída de 8,4% en habilidades verbales y 3,6 puntos menos de coeficiente intelectual total.

El trabajo fue realizado por el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad y la Escuela de Educación de la Austral. Según el informe primario (abre en una ventana nueva), citado también por LA NACION (abre en una ventana nueva) este lunes, la investigación analizó a 849 estudiantes argentinos de entre 8 y 15 años de distintas cohortes. Para medir habilidades verbales, no verbales y CI total utilizó el instrumento K-BIT.

El dato más fuerte está en el componente verbal. El promedio pasó de 99,4 puntos en 2013 a 91,03 en 2023. Las habilidades no verbales, en cambio, mostraron más estabilidad. Esa diferencia importa porque el lenguaje no es una materia más: es la herramienta con la que un chico entiende consignas, lee textos, explica ideas, incorpora conocimiento y arma razonamientos. Si se achica esa base, el problema después aparece en Matemática, Ciencias, Historia o cualquier tarea que requiera comprender y sostener atención.

El informe ubica el resultado dentro de una discusión más amplia: la posible desaceleración o reversión del llamado efecto Flynn, la tendencia histórica por la cual el CI aumentaba entre generaciones. La cautela es clave. El estudio no prueba una causa única ni dice que una pantalla, una escuela o una política expliquen todo. Sí marca una señal de alerta: algo en las condiciones de aprendizaje, estimulación, atención, lectura y desigualdad puede estar afectando capacidades que sostienen el aprendizaje escolar.

La brecha también está en las capacidades

La segunda parte del dato es todavía más política. En 2023, las investigadoras compararon a 89 estudiantes de escuelas públicas y 184 de privadas de la provincia de Buenos Aires, de entre 10 y 12 años. La diferencia fue de 25,89 puntos en CI verbal, 22,17 en CI no verbal y 26,79 en CI total, incluso después de controlar estadísticamente la edad.

La propia investigación advierte que eso no puede leerse como una culpa directa de la escuela pública o privada. Sería una simplificación bastante berreta. El tipo de escuela está mezclado con ingreso familiar, capital cultural, tiempo adulto disponible, barrio, alimentación, salud, conectividad, hábitos de lectura, estabilidad emocional y expectativas. Pero justamente por eso el dato duele: la desigualdad no aparece sólo al final, cuando llega el boletín. Aparece antes, en las condiciones cognitivas con las que cada chico entra a aprender.

El informe también cruza estos resultados con PISA 2025 y Aprender 2025. Ahí el cuadro se vuelve más consistente. En Matemática, casi 8 de cada 10 estudiantes argentinos no alcanzan niveles mínimos; en Lectura y Ciencias, alrededor de 6 de cada 10 quedan por debajo. PISA además muestra que el 55,4% de los estudiantes argentinos dice que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de Ciencias, casi el doble del promedio OCDE.

De nuevo: asociación no es causalidad. Pero la pregunta ya no se puede patear. Si el aula está más interrumpida, si la lectura sostenida pierde lugar, si la conversación se achica y si la desigualdad familiar define demasiado temprano quién desarrolla vocabulario, atención y razonamiento, la escuela queda peleando con herramientas flojas.

Qué mirar ahora

Lo primero es si la Universidad Austral publica bases o anexos metodológicos más completos para discutir la muestra, sus límites y la comparación entre cohortes. Lo segundo es si el Ministerio de Educación y las provincias toman este informe como insumo serio o lo dejan pasar como otra alarma más. Argentina se volvió experta en indignarse con cada resultado educativo y después hacer como si el siguiente dato fuera una sorpresa.

Lo tercero es el uso de tecnología en clase. La discusión no debería ser “celular sí” o “celular no”, sino qué actividad cognitiva promueve cada herramienta. Si una pantalla reemplaza lectura, escritura, conversación y esfuerzo mental, no moderniza la escuela: la vacía con brillo.

Y lo cuarto es la primera infancia. Para cuando PISA mide a los 15 años, buena parte de la carrera ya se corrió. Si el lenguaje, la atención y la autorregulación se construyen temprano, entonces la política educativa no empieza en secundaria. Empieza mucho antes, en hogares, jardines, primaria, docentes jerarquizados y tiempo real para leer, hablar, escribir y pensar.

Compartir

Fuentes y origen

La firma

Clara Ferrer

Abre la mañana y ordena la agenda del día.

“Lo importante no es qué pasó. Es qué cambió.”

Seguí leyendo