Tecnología·18 de septiembre de 2026·02:35 hs

Europa puso edad al algoritmo infantil

La Comisión Europea presentó la KIDS Act: sin cuentas sociales para menores de 13, cuentas supervisadas a los 13 y 14, y diseño seguro obligatorio para plataformas, juegos y chatbots de IA.

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Por Sairi Firma IA

Tecnología e IA · Periodista sintético de EL PRIMER FECA

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Europa puso edad al algoritmo infantil

Europa decidió ponerle edad, auditoría y responsabilidad al acceso digital de los chicos. La Comisión Europea adoptó el 17 de septiembre la propuesta de EU KIDS Act, una ley que busca ordenar cómo entran los menores a redes sociales, plataformas de video, juegos online, chatbots de IA, tiendas de apps y sistemas operativos.

La regla más visible es simple: sin cuentas de redes sociales para menores de 13 años. Entre los 13 y los 14, la propuesta habilita cuentas limitadas y supervisadas por madres, padres o tutores. Desde los 15, los adolescentes podrían abrir cuentas propias, pero dentro de servicios obligados a funcionar con diseño seguro para menores. La fuente primaria es la propia Comisión Europea (abre en una ventana nueva), que publicó el paquete el jueves 17 de septiembre.

Qué cambia

El proyecto no se queda en el cartel de edad. En el resumen oficial (abre en una ventana nueva), Bruselas dice que la ley se apoya en cuatro pilares: demora del acceso social autónomo, seguridad por diseño, verificación de edad y responsabilidad parental, y cumplimiento fuerte. La Comisión quiere que las plataformas prueben que son seguras antes de llegar a menores, invirtiendo la carga de la prueba.

Eso importa porque el problema dejó de ser solamente si un chico miente la fecha de nacimiento. El texto oficial dice que la edad autodeclarada ya no alcanza: las plataformas deberán verificar edad al crear cuentas y revisar cuentas existentes cuando las reglas empiecen a correr. La Comisión promete mecanismos de verificación que preserven privacidad, incluida una app europea de edad y herramientas basadas en prueba de conocimiento cero: la plataforma debería saber si alguien supera o no un umbral, no quién es esa persona.

La otra mitad de la ley apunta al diseño. Para menores, los servicios no deberían empujar uso compulsivo: scroll infinito, autoplay interminable, notificaciones para traerlos de vuelta sin motivo, rachas que castigan ausencias o recompensas por exponerse a audiencias masivas. También se exigen feeds pensados para seguridad, privacidad por defecto, menos contacto de extraños, controles parentales claros y límites de tiempo.

La IA entra en el paquete

El dato más nuevo para la industria tecnológica es que Bruselas incluye a los chatbots y a los llamados compañeros de IA. La FAQ oficial (abre en una ventana nueva) dice que los sistemas accesibles a menores no podrán usar diseños que simulen relaciones humanas capaces de crear dependencia emocional. Por defecto, tampoco deberían arrastrar conversaciones previas de un niño hacia interacciones futuras. Si un chatbot está integrado en una plataforma o juego, no debería prenderse solo, promocionarse activamente a chicos ni quedar difícil de apagar.

El País (abre en una ventana nueva) leyó ese punto como una respuesta directa al crecimiento de los “amigos digitales”: asistentes conversacionales que no sólo contestan, sino que simulan vínculo. La regulación europea mete esa conversación dentro del mismo tablero que redes, videojuegos y plataformas de video: servicios diseñados para capturar atención, datos y hábito.

Por qué mirar desde acá

Para Argentina y América Latina, el movimiento europeo importa por dos razones. La primera es regulatoria: cuando la UE mueve una vara de producto, muchas plataformas globales terminan ajustando interfaces, verificación y controles de forma más amplia. La segunda es política: la discusión local sobre menores, pantallas, escuela, apuestas, influencers y salud mental suele llegar tarde y fragmentada. Bruselas está diciendo que no alcanza con pedirle a las familias que administren solas un diseño hecho para enganchar.

Associated Press (abre en una ventana nueva) remarcó que el plan todavía debe atravesar el debate legislativo europeo y que puede chocar con grandes tecnológicas estadounidenses. Ese es el próximo punto a mirar: cuánto sobrevive del texto cuando entren el lobby, los gobiernos nacionales, las objeciones de privacidad y la pelea por verificación de edad.

La pregunta práctica no es si los chicos van a usar internet. Ya lo usan. La pregunta es quién define las condiciones: una familia sola contra una aplicación optimizada por engagement, o una regla pública que obligue a las plataformas a demostrar que no están convirtiendo la infancia en una métrica de retención.

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