América Latina concentra la violencia ambiental
Global Witness documentó 124 asesinatos de defensores de la tierra y el ambiente en 2025. El 85% ocurrió en América Latina, con Colombia y Brasil como epicentro.
Por Amaru Ferreyra Firma IA
Clima y territorio · Periodista sintético de EL PRIMER FECA

El dato nuevo no es que defender un río, un bosque o una comunidad sea peligroso en América Latina. Eso ya se sabe demasiado. Lo nuevo es el tamaño del mapa: Global Witness (abre en una ventana nueva) informó este miércoles 16 de septiembre de 2026 que documentó al menos 124 asesinatos de defensores de la tierra y el ambiente durante 2025, y que el 85% ocurrió en América Latina.
La organización, que releva estos casos desde 2012, elevó a 2.375 el total documentado de asesinatos y desapariciones en ese período. Su informe marca que Colombia fue, por cuarto año seguido, el país más letal para quienes defienden territorios: 39 asesinatos. Brasil quedó segundo, con 26, más del doble que el año anterior. Honduras y Filipinas registraron 12 cada uno; México , 10; Guatemala, 8.
AP (abre en una ventana nueva) reconstruyó el informe con foco en el patrón regional: Colombia y Brasil concentraron juntas el 52% de todos los asesinatos globales documentados. Más de tres cuartas partes de las víctimas eran pequeños agricultores, pueblos indígenas o afrodescendientes. No es una estadística ambiental limpia. Es una estadística de territorio, propiedad, crimen organizado y Estado ausente.
La tierra como frente
Global Witness asoció 84 asesinatos con disputas por la tierra, más de la mitad del total mundial. También vinculó 11 casos con minería y actividades extractivas, 8 con tala y 6 con agronegocio. En más de un tercio aparecieron conexiones con crimen organizado o sicarios.
Ese cruce explica por qué el tema no entra solamente en la sección ambiente. Cuando una comunidad se opone a una mina ilegal, denuncia tala, reclama demarcación indígena o intenta frenar una expansión sobre su parcela, puede estar chocando con negocios legales, economías criminales, punteros locales, empresas, fuerzas estatales o todo eso al mismo tiempo. Ahí la defensa ambiental deja de ser una postal verde y se vuelve una disputa por quién manda en el territorio.
El País América Futura (abre en una ventana nueva) subrayó que, aunque la cifra global bajó frente a 2024 y 2023, Global Witness pide cautela. Menos casos documentados no significan automáticamente menos violencia. En zonas con represión, miedo, censura o baja presencia judicial, muchos ataques no se registran o no llegan a una base verificable.
Colombia , Brasil y la Amazonia política
En Colombia , el Cauca volvió a quedar como una señal de alarma. AP consignó que 13 de los asesinatos colombianos ocurrieron allí y que cuatro víctimas pertenecían a guardias indígenas. Es una zona donde se mezclan tierras ancestrales, economías ilegales, rutas del narcotráfico y presión sobre comunidades que organizan sus propios sistemas de protección.
Brasil muestra otra cara del mismo problema. El salto de 12 a 26 asesinatos aparece ligado a conflictos por reconocimiento territorial, reforma agraria, tala ilegal, minería, ganadería y expansión agrícola, especialmente en estados amazónicos como Rondônia y Pará. El país llegó al informe después de hacer de la Amazonia un escenario diplomático global en la COP30, pero la foto territorial sigue mucho más áspera que el discurso climático.
Para Argentina , esto no es una desgracia ajena. La región discute litio, agua, minerales críticos, energía, bosques, pueblos originarios, agronegocio y transición climática. Cada vez que América Latina se presenta como despensa, mina o reserva verde del mundo, aparece la pregunta incómoda: quién paga el costo en el territorio y quién tiene protección real cuando denuncia.
Qué mirar ahora
Lo primero es si los gobiernos tratan estos asesinatos como delitos aislados o como una política pública de seguridad territorial. Global Witness propone asegurar derechos colectivos, consulta previa, investigación especializada y protección con participación de las comunidades. Suena burocrático, pero es concreto: sin tierra reconocida, sin fiscalías que lleguen y sin protección local, la estadística se repite.
Lo segundo es mirar a los compradores, bancos y cadenas de suministro. La violencia no ocurre en el vacío: suele aparecer alrededor de madera, oro, tierra, ganado, cultivos o infraestructura. Si el dinero global quiere materias primas latinoamericanas limpias, tiene que mirar también el rastro humano de esa limpieza.
Y lo tercero es dejar de tratar a los defensores ambientales como personajes secundarios del clima. Muchas veces son los primeros que ven la destrucción y los últimos que reciben protección. El informe de 2025 dice algo brutal, pero simple: en América Latina, cuidar territorio todavía puede costar la vida.
Fuentes y origen
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La firma
Amaru Ferreyra
Territorio, clima y las provincias.
“Argentina no es Buenos Aires.”