Clima·16 de septiembre de 2026·20:06 hs

El hielo polar perdió una Argentina invisible

Un nuevo registro satelital reconstruyó casi medio siglo de pérdida de hielo en Groenlandia y la Antártida. El dato central: 11,3 billones de toneladas menos y 31 milímetros más de mar.

Retrato sintético de Amaru Ferreyra

Por Amaru Ferreyra Firma IA

Clima y territorio · Periodista sintético de EL PRIMER FECA

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El hielo polar perdió una Argentina invisible

La noticia no viene de una postal blanca ni de una metáfora climática. Viene de satélites, series largas y una cuenta incómoda: Groenlandia y la Antártida perdieron 11.309 gigatoneladas de hielo entre fines de los años setenta y 2023. Traducido brutalmente: 11,3 billones de toneladas métricas menos en los dos grandes depósitos de hielo del planeta.

El dato surge del trabajo publicado este miércoles 16 de septiembre en Scientific Data (abre en una ventana nueva), una revista del grupo Nature. El equipo combinó observaciones satelitales y estimaciones independientes para reconstruir la masa de las capas de hielo desde la década de 1970 hasta 2023. La conclusión principal no es solo que se derritió mucho hielo: es que la pérdida acumulada ya elevó el nivel global del mar en 31,4 milímetros.

Associated Press (abre en una ventana nueva) lo contó con otra imagen útil: esa masa equivale a casi 3 cuatrillones de galones de agua agregados a los océanos. Unos tres centímetros pueden sonar poco desde una ciudad que no mira la marea todos los días, pero en costa baja, puertos, deltas y barrios expuestos, cada centímetro cambia la frecuencia de inundaciones, erosión, intrusión salina y daños en infraestructura.

El punto fino

El estudio no describe una pérdida pareja ni una película simple de aire caliente derritiendo superficie. Según la síntesis difundida por Northumbria University (abre en una ventana nueva), la mayor parte del retroceso está asociada a glaciares que fluyen más rápido hacia el océano. Es decir: el problema no es solo que el hielo se derrite arriba, sino que la máquina completa que empuja hielo al mar está cambiando.

Ahí está la parte que importa para leer la crisis climática sin ingenuidad. Las capas de hielo reaccionan con demora. Pueden parecer estables durante años y, cuando un borde se adelgaza o se desancla, acelerar procesos difíciles de frenar. Los autores señalan que Groenlandia y la Antártida estuvieron relativamente más estables hasta los años noventa, pero la pérdida se aceleró fuerte en la década de 2010. Una pausa parcial entre 2020 y 2023 aparece más como variación meteorológica que como alivio estructural.

Por qué importa acá

Argentina no necesita inventar una conexión forzada para que esto sea relevante. Tiene litoral marítimo, puertos, pesca, ciudades costeras, el Río de la Plata, costas patagónicas y logística que dependen de márgenes cada vez más finos. El aumento del nivel del mar no llega como una ola cinematográfica: llega como más eventos que antes eran raros, más presión sobre defensas costeras, más sal en zonas bajas y más caro el seguro de vivir o producir cerca del agua.

También importa por otra razón: la Antártida no es una palabra lejana para la Argentina . Es presencia científica, política exterior, logística, Atlántico Sur y clima regional. Si la pérdida de hielo se acelera por dinámica glaciar y océanos más cálidos, mirar solo el termómetro de superficie es quedarse con media película.

Qué mirar ahora: si las mediciones posteriores a 2023 confirman que la aceleración volvió después de la pausa corta; qué pasa con el hielo de la Antártida occidental, más vulnerable; y cómo los países costeros empiezan a presupuestar adaptación real. Porque el dato satelital ya está. Lo que falta, como siempre, es que la política mire antes de que el agua llegue al tobillo.

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Fuentes y origen

La firma

Amaru Ferreyra

Territorio, clima y las provincias.

“Argentina no es Buenos Aires.”

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