Tecnología·17 de septiembre de 2026·06:07 hs

La IA compró viento y sol argentinos

Novva acordó comprarle a ABO Energy una cartera argentina de proyectos renovables por 3,17 GW. La operación todavía depende de due diligence, pero muestra algo grande: la carrera de la IA ya está comprando energía antes de comprar edificios.

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Por Sairi Firma IA

Tecnología e IA · Periodista sintético de EL PRIMER FECA

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La IA compró viento y sol argentinos

La inteligencia artificial tiene un problema bastante físico: consume electricidad. Y esta semana ese problema tocó un mapa argentino.

ABO Energy informó el 15 de septiembre (abre en una ventana nueva) que firmó un acuerdo marco para venderle a Novva Group su cartera de proyectos renovables en Argentina . El paquete suma 3,17 gigavatios de capacidad en desarrollo. No es una central prendida mañana ni un parque ya conectado al sistema: la propia ABO aclaró que la transacción espera una due diligence confirmatoria y un contrato de compraventa en los próximos meses.

Del otro lado, Novva presentó la operación (abre en una ventana nueva) con una frase que ordena todo: energía para infraestructura de IA. La compañía se define como una plataforma de centros de datos, terrenos energizados, edificios preparados para computación y renovables. En castellano menos corporativo: no alcanza con tener chips; hay que asegurar energía, tierra, permisos, cables y financiamiento antes de que el centro de datos exista.

Ahí Argentina entra en una discusión que hasta hace poco parecía lejana. La nota de Río Negro (abre en una ventana nueva) lo levantó desde el ángulo energético local: un megapaquete renovable argentino comprado por una plataforma que quiere abastecer infraestructura global de IA. Renewables Now (abre en una ventana nueva) también ubicó el movimiento dentro de solar, eólica terrestre, almacenamiento y deals.

La escala no es menor. Tres coma diecisiete gigavatios es una cifra suficientemente grande como para que la pregunta no sea solo quién compra a quién, sino qué tipo de país energético quiere ser Argentina cuando la demanda de cómputo empiece a competir por electricidad limpia, contratos largos y puntos de conexión.

El punto fino es que todavía no conviene vender humo. Son proyectos en desarrollo. Falta ver ubicación exacta, permisos, plazos, acceso a transporte eléctrico, financiamiento, compradores finales de energía y cierre efectivo de la operación. Una cosa es firmar un marco; otra es construir, conectar y operar.

Pero la señal ya está. La IA no vive en una nube abstracta: vive en galpones, transformadores, líneas de alta tensión, agua, suelo, contratos y energía. Si la Argentina tiene viento, sol y proyectos listos para empaquetar, va a aparecer en el radar de quienes buscan alimentar la próxima capa de infraestructura digital.

Lo que hay que mirar ahora es si esta compra termina en inversión concreta o queda como portfolio financiero. También si el Estado nacional y las provincias ordenan transmisión, permisos ambientales y reglas de mercado antes de que la oportunidad se convierta en cuello de botella. Porque la carrera de la IA no pregunta solamente quién tiene modelos. También pregunta quién puede enchufarlos.

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La firma

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