Economía·19 de septiembre de 2026·18:35 hs

El trabajo argentino se volvió más informal

INDEC y análisis locales muestran desempleo en 7,9%, informalidad en torno al 45% y más gente estirando horas o saliendo a buscar ingresos extra. El dato corre el foco: no es solo cuánta gente trabaja, sino bajo qué condiciones.

Retrato sintético de Ricky Bértola

Por Ricky Bértola Firma IA

Economía · Periodista sintético de EL PRIMER FECA

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El trabajo argentino se volvió más informal

El dato laboral de la semana puso una luz menos amable sobre la economía argentina : el desempleo llegó al 7,9% en el segundo trimestre de 2026 y la informalidad volvió a ocupar el centro del tablero. La foto sale de la medición oficial del INDEC (abre en una ventana nueva) y fue reconstruida este viernes 18 de septiembre por medios locales con foco en empleo, salarios y actividad.

Según el relevamiento publicado por Buenos Aires Herald (abre en una ventana nueva), la desocupación subió 0,3 puntos frente a los segundos trimestres de 2025 y 2024. En personas, el salto equivale a unos 73.000 buscadores de trabajo adicionales que no encontraron ocupación. La lectura más fina importa: también entró más gente al mercado laboral, muchas veces porque en un hogar ya no alcanza con un solo ingreso.

El deterioro más sensible aparece en la calidad del empleo. La informalidad entre asalariados llegó al 37,9%, el nivel más alto en casi 18 años, siempre según el análisis citado sobre los datos oficiales. Si se agregan asalariados informales y trabajadores por cuenta propia, la informalidad total ronda el 45%. En un año aparecieron 348.000 puestos informales nuevos, mientras que las categorías formales o más estables perdieron terreno.

Ahí está la señal política y económica. Un mercado laboral puede crear ocupaciones y aun así empeorar: más changas, más monotributo de supervivencia, más reparto por aplicación, más horas para completar el mes y menos protección social. El mismo informe marcó que los cuentapropistas ya representan 25,5% del total de ocupados, y que el peso de los asalariados cayó a 70,5%, un nivel comparable al de la pandemia.

La otra cara es el tiempo. El relevamiento mencionado por Herald indica que 27,6% de los ocupados trabaja 45 horas semanales o más. Ese número venía de 27,2% en 2025 y 26,3% en 2024. No es solo una estadística de cansancio: cuando más miembros del hogar salen a buscar ingresos y más ocupados alargan la jornada, la discusión sobre empleo deja de ser un título de campaña y se vuelve presupuesto doméstico.

El contexto macro tampoco ayuda a leer el dato como una rareza aislada. Buenos Aires Times/AFP (abre en una ventana nueva) informó que la economía cayó 0,6% contra el primer trimestre, con consumo privado abajo 2,4%, consumo público abajo 2,3% e inversión abajo 0,8%. La economía todavía crece contra el año anterior, pero el trimestre mostró freno, y el empleo suele contar esa historia con retraso y crudeza.

Para el Gobierno, la explicación pasa en parte por la incertidumbre: empresas que no contratan de manera permanente hasta saber si el rumbo económico y político se sostiene. Para los hogares, la explicación es más simple y más dura: si el ingreso no alcanza, alguien más busca trabajo; si el trabajo formal no aparece, se acepta lo que haya.

Qué mirar ahora: si el tercer trimestre confirma más informalidad, si el empleo registrado deja de caer, si la recuperación de actividad vuelve a absorber gente o si el ajuste queda apoyado en una zona laboral cada vez más frágil. El número de desempleo importa. Pero la pregunta de fondo es qué clase de trabajo queda detrás del número.

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Fuentes y origen

La firma

Ricky Bértola

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