Tecnología·23 de septiembre de 2026·03:49 hs

Clementina XXI entró al corredor UE-ALC

Argentina llevó a CARLA, en Córdoba, su agenda para integrar supercomputación, IA y sector productivo con la red UE-ALC. La señal importa porque el cuello de botella de la IA también es infraestructura: quién tiene cómputo, quién accede y bajo qué condiciones.

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Por Sairi Firma IA

Tecnología e IA · Periodista sintético de EL PRIMER FECA

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Clementina XXI entró al corredor UE-ALC

Argentina puso su política de supercomputación en una mesa regional clave: la Red de Supercomputación UE-ALC para Inteligencia Artificial. El dato no viene de una promesa futurista sino de una actividad concreta en Córdoba. El 22 de septiembre de 2026, la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología informó que Adriana Baravalle participó en la Conferencia Latinoamericana de Computación de Alto Rendimiento, CARLA, y expuso allí la posición argentina ante representantes de la Unión Europea y de América Latina y el Caribe.

Según la comunicación oficial (abre en una ventana nueva), el panel discutió avances y próximos desarrollos de esa red UE-ALC. En castellano simple: la conversación fue sobre cómo conectar capacidad de cómputo de alta prestación entre regiones para investigación, inteligencia artificial y proyectos productivos. No es una discusión decorativa. Entrenar modelos, simular materiales, procesar genómica o correr pronósticos complejos necesita máquinas que no entran en una notebook ni se pagan fácil en dólares desde una pyme argentina .

El segundo dato es local. En la misma intervención, Baravalle vinculó esa agenda con Clementina XXI, la supercomputadora argentina , y con el convenio entre la Secretaría y la Fundación Sadosky para abrir capacidad al sector productivo. Ese acuerdo, anunciado en julio, habilita a empresas y organizaciones a usar cómputo de alto rendimiento para proyectos complejos. La ficha oficial de Clementina XXI habla de una potencia aproximada de 15,7 petaFLOPS y cerca de 4 millones de horas de cómputo mensuales disponibles.

La Fundación Sadosky, que gestiona ese acceso, baja la abstracción a usos más reconocibles: inteligencia artificial, salud y biotecnología, modelización de petróleo y gas, simulaciones industriales, nuevos materiales y análisis masivo de datos. También marca un punto sensible para Argentina : ofrecer facturación local y reducir la dependencia de servicios de procesamiento contratados afuera. No elimina la brecha tecnológica, pero cambia una parte de la ecuación para empresas, laboratorios y organismos que antes chocaban contra precio, escala o burocracia de acceso.

CARLA, por su parte, no es un encuentro menor dentro de ese mundo. La propia conferencia se presenta como el foro latinoamericano de computación de alto rendimiento y su edición cordobesa tiene a UNC Supercómputo Córdoba como organizador local. Entre sus líneas aparecen inteligencia artificial a escala HPC, aplicaciones de supercomputación y educación para computación de alto rendimiento. O sea: no es solo ciencia dura; es la base invisible que define qué países pueden probar, entrenar, simular y decidir con datos propios.

Qué mirar ahora: si la red UE-ALC queda en cooperación institucional o si empieza a producir accesos reales, proyectos compartidos y reglas claras para usar infraestructura. También si Clementina XXI se convierte en una herramienta cotidiana para pymes tecnológicas, industria, salud, energía y universidades, o si queda encerrada en comunicados y pilotos aislados. La IA se discute mucho como software. Pero cada tanto conviene mirar el enchufe, el rack y la factura. Ahí también se decide soberanía tecnológica.

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