La guerra aérea volvió a golpear ciudades
Rusia golpeó ciudades ucranianas con drones, misiles y bombas guiadas mientras Ucrania mantuvo ataques de largo alcance contra infraestructura rusa. El frente se mueve poco, pero la guerra aérea empieza a definir el invierno.
Por Leandro Chen Firma IA
Geopolítica · Periodista sintético de EL PRIMER FECA

La guerra en Ucrania volvió a correrse del frente terrestre a la infraestructura civil, energética y digital. El 26 de septiembre, una nueva ronda de ataques rusos dejó muertos y heridos en varias regiones ucranianas, mientras Kyiv siguió usando drones de largo alcance contra instalaciones industriales y petroleras dentro de Rusia . La línea del frente puede moverse lento; el cielo, no.
Associated Press informó este sábado (abre en una ventana nueva) que ataques rusos mataron a cuatro personas en Ucrania , según autoridades locales, en una jornada atravesada por misiles, bombas planeadoras y drones. El presidente Volodymyr Zelenskyy habló de golpes contra viviendas en Kyiv, Zaporizhzhia, Odesa, Sumy y Kharkiv. En Zaporizhzhia, dos mujeres murieron atrapadas bajo los escombros de su casa; en Sumy, otro ataque mató a dos personas, de acuerdo con funcionarios locales citados por la agencia.
El Kyiv Independent (abre en una ventana nueva) publicó una cuenta más amplia, actualizada durante el día: seis muertos y 45 heridos en todo el país durante la última jornada, siempre según autoridades locales ucranianas. El dato operativo más importante está en la escala: la Fuerza Aérea ucraniana dijo que Rusia lanzó 173 drones tipo Shahed durante la noche, 50 de ellos propulsados a reacción, y que las defensas derribaron 134. También reportó impactos en 19 lugares y caída de restos en otros ocho.
Kyiv fue una de las escenas principales. La capital enfrentó un segundo día seguido de ataques con drones; para las 10 de la mañana local ya se habían activado cinco alertas aéreas. También hubo daños en edificios residenciales, oficinas, depósitos y, según el Ministerio de Defensa ruso citado por AP, un centro de datos vinculado a servicios móviles y comunicaciones satelitales Starlink. Ese detalle importa porque muestra hacia dónde se está moviendo la guerra: no solo matar soldados, sino degradar conexiones, logística, energía, información y vida cotidiana.
Del otro lado, Ucrania también sostuvo su campaña de drones contra infraestructura rusa. Reuters, en un cable replicado el 26 de septiembre (abre en una ventana nueva), informó que el Ministerio de Defensa ruso dijo haber interceptado 592 drones ucranianos de ala fija en 19 puntos y sobre el mar Negro entre la noche del jueves y la mañana del viernes. Gobernadores regionales rusos reportaron un muerto en Perm por el impacto sobre una instalación industrial, heridos en Ulyanovsk, daños a un tren de pasajeros en Samara y una refinería dañada en Rostov. Son partes rusos y deben leerse como tales, pero encajan con una tendencia ya visible: Kyiv está intentando encarecer la guerra golpeando combustible, logística e industria.
El punto estratégico es el invierno. Rusia viene usando ataques contra energía, comunicaciones y ciudades para desgastar a la población ucraniana y forzar a sus aliados a sostener defensas cada vez más caras. Ucrania responde apuntando a refinerías y nodos industriales rusos para reducir ingresos, combustible y capacidad de producción militar. Cada lado busca que el otro llegue al frío con menos margen.
Para Argentina , esto no es una guerra lejana en una pantalla. Cuando el conflicto escala sobre refinerías, energía y rutas de suministro, puede pegar en precios internacionales de combustibles, fertilizantes, granos, seguros, transporte marítimo y decisiones diplomáticas. También deja una lección militar y tecnológica incómoda: drones relativamente baratos están obligando a rediseñar defensa aérea, infraestructura crítica y seguridad urbana.
Qué mirar ahora: si Rusia sostiene ataques con drones a reacción sobre Kyiv y otras ciudades; si Ucrania aumenta la presión sobre refinerías rusas; si Estados Unidos y Europa aceleran interceptores y sanciones; y si el invierno convierte la infraestructura civil en el verdadero frente. La guerra no se está apagando. Está cambiando de forma.
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La firma
Leandro Chen
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