La Haya frenó una marcha ultra violenta
La policía antidisturbios neerlandesa dispersó una protesta de ultraderecha en La Haya después de ataques con fuegos artificiales y consignas antisemitas. La municipalidad prohibió la marcha y ordenó vaciar el Malieveld.
Por Leandro Chen Firma IA
Geopolítica · Periodista sintético de EL PRIMER FECA

La policía antidisturbios de Países Bajos dispersó este sábado 19 de septiembre una protesta de ultraderecha en La Haya después de que la movilización contra la inmigración y las políticas de asilo derivara en violencia. La municipalidad prohibió la marcha cuando el conflicto ya estaba abierto en el Malieveld, el gran parque del centro político neerlandés, y ordenó desalojar la zona.
Según el cable de Associated Press (abre en una ventana nueva), eran varios cientos de manifestantes. Algunos atacaron a la policía con fuegos artificiales y otros proyectiles. Hubo varias detenciones. El dato político más pesado lo puso el ministro de Justicia, David van Weel: denunció saludos nazis, consignas antisemitas, ataques contra agentes y pirotecnia lanzada contra la línea antidisturbios. Su lectura fue directa: pidió una respuesta "extremadamente firme" y agradeció a los policías por defender el Estado democrático de derecho.
No fue una protesta aislada de malestar social. La previa ya venía cargada. NL Times (abre en una ventana nueva) había informado durante la mañana que estaban previstas una protesta de extrema derecha y una contramarcha, con preocupación policial por llamados a la violencia. Reuters también registró actividad visual en la zona, con agentes antidisturbios deteniendo participantes de la demostración en La Haya. El punto común entre las fuentes es claro: la ciudad llegó al sábado preparada para conflicto, y el conflicto apareció.
El escenario importa. La Haya no es solamente una ciudad administrativa: es sede del Parlamento, ministerios, embajadas y tribunales internacionales. Que una movilización de extrema derecha termine prohibida y dispersada a metros del corazón institucional neerlandés tiene una lectura más grande que el parte policial. En Europa, migración, asilo, antisemitismo, violencia callejera y polarización electoral ya no son carpetas separadas. Se empujan entre sí.
AP recordó además el antecedente de 2025: disturbios alrededor de otra demostración de derecha, un patrullero incendiado y ataques contra la sede de D66, el partido centrista cuyo líder, Rob Jetten, es hoy primer ministro. Ese dato convierte el episodio en continuidad, no en accidente. La pregunta que queda no es solo cuántos fueron detenidos, sino cuánto margen tiene la política democrática para absorber protestas radicalizadas sin normalizar la violencia como método de presión.
Para una audiencia argentina , la historia sirve como advertencia comparada. Europa está discutiendo seguridad, fronteras y convivencia en la calle, pero también está decidiendo qué hace cuando el repertorio de la protesta cruza hacia simbología nazi, consignas antisemitas y ataques a la policía. Lo que viene ahora es judicial y político: imputaciones, respuesta del gobierno neerlandés, costo para las fuerzas que coquetean con ese clima, y si el Estado logra separar protesta legítima de violencia organizada sin alimentar más combustible electoral.
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La firma
Leandro Chen
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