Cuba volvió a quedar a oscuras
El sistema eléctrico cubano volvió a colapsar el viernes y dejó a millones sin luz. La falla empezó en líneas de transmisión del oeste y expuso otra vez la mezcla de combustible escaso, infraestructura vieja y vida cotidiana al límite.
Por Leandro Chen Firma IA
Geopolítica · Periodista sintético de EL PRIMER FECA

Cuba volvió a quedarse sin luz. El viernes 18 de septiembre, el sistema eléctrico nacional colapsó otra vez y dejó a millones de personas sin servicio en la isla, según reportó AP desde La Habana (abre en una ventana nueva). La escena ya no es un accidente aislado: es la repetición de una crisis energética que convierte tareas básicas —cocinar, cargar un teléfono, conservar comida, mover transporte, sostener hospitales— en una carrera diaria contra la oscuridad.
La señal oficial llegó por el Ministerio de Energía y Minas de Cuba , que anunció el apagón nacional en su cuenta de X y dijo que se habían activado protocolos de restablecimiento. AP reconstruyó, con datos de autoridades cubanas, que la falla habría empezado en líneas de transmisión del oeste del país, con caída del sistema hasta Matanzas, y que después se desconectó también la zona oriental. El diario oficial Granma agregó que condiciones meteorológicas inestables complicaron todavía más la red.
El dato operativo más duro estaba al anochecer: apenas el 5% de los usuarios de La Habana había recuperado electricidad, dentro de un universo de unos 862.000 clientes. Mientras tanto, las autoridades intentaban levantar pequeñas “microislas” de distribución en provincias como Camagüey, Pinar del Río y Granma, y reactivar sistemas vinculados a hospitales y otros servicios de emergencia. En un país donde el calor, el agua, la comida y la conectividad dependen de una red inestable, cada hora sin energía tiene consecuencias que no entran en el parte técnico.
El apagón también muestra el punto geopolítico. AP recuerda que los colapsos se volvieron más frecuentes en los últimos dos años y que empeoraron desde enero, después de que Estados Unidos endureciera restricciones energéticas contra la isla. Esas medidas bloquearon o encarecieron el acceso a combustible y repuestos para centrales termoeléctricas envejecidas. Según el mismo reporte, desde entonces Cuba recibió apenas un cargamento relevante de combustible, enviado por un petrolero ruso en marzo.
La versión cubana pone el foco en el bloqueo energético y la falta de combustible. La lectura crítica fuera del gobierno suma otra capa: años de infraestructura obsoleta, mantenimiento insuficiente, baja inversión y una economía sin margen para amortiguar la escasez. Lo importante es no elegir una sola explicación cómoda. Una red puede quebrarse por sanciones, por mala gestión, por falta de repuestos y por clima a la vez. El resultado, para la gente, es el mismo: ventiladores apagados, agua que no sube, celulares muertos, comida que se pierde y transporte que desaparece.
Para América Latina, Cuba funciona como advertencia extrema. La energía no es un rubro técnico separado de la política: es Estado, salud pública, productividad, migración y humor social. Cuando la red se vuelve impredecible, la vida se achica. La pregunta ahora es cuánto tarda el restablecimiento, si las microislas alcanzan para proteger hospitales y servicios críticos, y si La Habana consigue combustible o repuestos antes de que el próximo corte deje de ser noticia y pase a ser rutina permanente.
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La firma
Leandro Chen
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